jueves, 20 de enero de 2011

La injusticia: la primera cosa en la vida que me enerva.


Hay ciertas cosas que me hacen enojar con facilidad. Situaciones, elementos, sentimientos, antivalores, que hacen que el ente pasivo en mí desaparezca totalmente. Es incómodo hablar sobre lo que me hace salir de mis cabales, pero considero oportuno hacerlo, porque muy a menudo me encuetro en situaciones en las que me gustaría gritar lo que pienso. Es muy probable que a muchos (por no decir: a nadie) no les interese lo que estoy escribiendo, pero mi satisfacción la hallo en poder publicar esta entrada.

No hay cosa que más "me saque la piedra" que ciertas injusticias de la vida. La semana pasada estaba hablando con uno de los operadores de servicios administrativos (aseador) de la compañía en la que estoy laborando. El salario que recibe una persona en este cargo es equivalente al mínimo legal vigente mensual (mejor conocido como el hilo dental) más las horas extras que realice durante el respectivo mes de trabajo. El viejo "Jones", como le digo yo a mi compañero de trabajo, me contó que, después de retirar totalmente su quincena en Bancolombia, dos sujetos se le aparecieron a una cuadra y con un arma de fuego lo amenazaron y le quitaron los trescientos ventiunmil quinientos pesos que llevaba en su poder. Esa pequeña suma que en para su familia es una bendición, ya que les permite tener tres platos de comida diarios, pagar los servicios y darle para la merienda a los "pela'os".

Cuando "Jones" me contó lo que le había pasado, se me vino a la mente la causa que yo apoyaba hace aproximadamente siete años y que después abandoné por razones humanistas: los operativos de limpieza. En un punto de mi vida, mi fe en nuestro sistema penal era tan grande, que pensaba que el ladrón entraba a la cárcel y salía muchos años después y sin ganas de hacer más maldades porque la prisión lo iba a dejar muerto por dentro. Ahora, cualquier sinvergüenza sale libre a los tres días de encierro. Es muy crítico esta situación, que he llegado a pensar, que a estos atracadores hay que ajusticiarlos por completo. Porque muchas veces no les basta con robar, sino que asesinan a su víctima después de robarle, como ocurrió con la muchacha que fue a pagar su universidad en cierto banco de la ciiudad de Cartagena y en la misma fila del cajero un sujeto le quita la plata, y no contento con esto, le disparo repetidas veces en la espalda.

Son situaciones como estas que hacen que mi sangre ebulla con facilidad. Al jodido joderle, es la política de la humanidad. La seres humanos estamos haciendo cosas moralmente desagradables, y después nos preguntamos por qué DIOS no nos escucha a veces.

La injusticia es algo que es muy díficil de asimilar en mi diario vivir, pero tengo una esperanza en un mañana mejor. Tengo fe en que los malos recapacitarán y dejarán de maltratar a los buenos. No sé hasta que punto se llegue a dar esa utopía, pero espero al menos que mis hijos no vean un mundo tan terrible e injusto como el tenemos ahora.